Porque los adaptogenos son importantes en estas fechas (y siempre)

Porque los adaptogenos son importantes en estas fechas (y siempre)

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Hay algo interesante en diciembre, no solo celebramos, también cambiamos de ritmo.


Dormimos distinto, comemos diferente. A veces estamos más conectados con la familia; otras, con los amigos. La mente se comporta de forma menos lineal. El cuerpo también.


Eso no es casualidad.


La ciencia lo llama neuroadaptación: la capacidad fisiológica de reorganizar respuestas cuando el entorno cambia. Y esa capacidad ocurre gracias a la interacción de tres ejes biológicos clave:


Eje HPA: regula estrés y energía (hipotálamo–pituitaria–adrenal).

 

Nervio vago: coordina emociones y digestión.

 

Neurotransmisores: moldean cómo interpretamos lo que sentimos.


Ese proceso es esencial… no solo en diciembre.

 

También en cualquier momento donde el entorno cambia: viajes, reuniones, nuevos comienzos o cierres de ciclo.

 

Ahí es donde aparece una pregunta importante:


 

 

 ¿Cómo apoyamos la adaptación de nuestro cuerpo sin forzarla?



El cuerpo se reorganiza


Cuando hay emociones más intensas, ya sean positivas o difíciles el sistema nervioso no busca eliminar nada, sino regular la intensidad.


Eso se ha estudiado gracias a modelos de plasticidad neuronal y moléculas asociadas al estrés adaptativo.

 



Algunos hallazgos relevantes:

 

La dopamina sube cuando hay estímulos sociales, pero necesita volver a su línea de base para no alterar la motivación.

 

La serotonina interviene en cómo interpretamos recuerdos: si hay déficit, los recuerdos se perciben más intensos.

 

Un pico de cortisol no es un problema: es un recurso biológico. Lo dañino es no dejar que baje.


Muchas tradiciones humanas (como los rituales de invierno) surgieron como formas naturales de ayudar a bajar esos picos, aunque no se conociera aún el lenguaje científico.


Las reuniones, el descanso, el calor del hogar o los aromas… también fueron, sin saberlo, herramientas de neuroadaptación humana.



 

¿Y dónde entran los adaptógenos?


Los adaptógenos no son plantas que “calman” ni que “activan”.


Son reguladores. Trabajan sobre la percepción de amenaza en el organismo y permiten que los ejes principales del cuerpo vuelvan al rango fisiológico. No borran emociones: le devuelven flexibilidad a la respuesta.




Esto se ha documentado con evidencia sólida:

 

Ashwagandha (Withania somnifera)

Regula el eje HPA y puede disminuir cortisol sérico en humanos. Eso no significa adormecer,  significa restaurar el rango normal de respuesta.


 

Ganoderma lucidum (Reishi)

Estimula receptores GABA, esenciales para el descanso fisiológico. También inhibe NF-κB, molécula clave en procesos de inflamación neural.


 

Melena de León

Favorece la síntesis de BDNF (Factor neurotrófico derivado del cerebro), asociado a plasticidad neuronal y memoria. Apoya la sensación de claridad mental.


 

Rhodiola rosea

Modula la fatiga ligada al estrés y regula la glucosa. Su efecto metabólico también influye en cómo se perciben las emociones.

 

 La ciencia lo llama “homeostasis dinámica”


y es la base de la adaptogenicidad


Existe una idea antigua: “sentirse bien es estar en equilibrio”.

 

Pero los estudios modernos ya no hablan de equilibrio estático. Hablan de homeostasis dinámica: la capacidad de responder, cambiar y volver.


Los adaptógenos no eliminan respuestas: educan la flexibilidad biológica.


Por eso pueden ser útiles cuando el entorno cambia, no solo en diciembre, sino cada vez que entramos a una etapa distinta, una conversación importante, una decisión vital, un cierre o un inicio.




Más allá del calendario



Los adaptógenos no crean silencio mental.

Ayudan a que la mente tenga espacio para escucharse.


Y tal vez ese espacio sea la verdadera celebración:

una neuroadaptación genuina

que no depende del calendario

ni de la fuerza de voluntad…

sino de la inteligencia biológica que siempre estuvo ahí.




Si quieres saber más del tema, te dejamos las referencias científicas utilizadas: 


1. Chandrasekhar, K. et al. (2012). Effect of Withania somnifera on cortisol levels. Journal of Ayurveda & Integrative Medicine.

2. Nagano, M. et al. (2010). Neurogenesis and Hericium erinaceus. Biomedical Research.

3. Panossian, A. et al. (2010). Adaptogens for stress-related fatigue. Phytomedicine.

4. Wang, J. et al. (2019). Ganoderma lucidum as anti-inflammatory and neuroprotective agent. International Journal of Molecular Sciences.

5. McEwen, B. (2017). Stress and neuroadaptation. Nature Reviews Neuroscience.

6. Holzer, P. (2017). Gut–brain axis and neuropeptides. Physiology Review.

7. Sapolsky, R.M. (2015). Stress mechanisms in the brain. Annual Review of Neuroscience.

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