Un ritual para cerrar el año con gratitud y neuroadaptación.

Un ritual para cerrar el año con gratitud y neuroadaptación.

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A veces el cuerpo llega a diciembre con la sensación de haber estado en modo “sobrevivir”:

 

muchas adaptaciones, pocas pausas para entenderlas.


Desde fuera parece solo cansancio.

Desde dentro es otra cosa: es el sistema nervioso tratando de acomodar lo vivido.


La neurociencia a ese proceso lo llama neuroadaptación:

la capacidad que tiene tu sistema nervioso de reorganizar su forma de responder, sin romperse, después de periodos de estrés, cambios o emociones intensas, cómo lo vimos en el blog anterior. 


Y en XULA creemos algo muy simple pero muy profundo:

antes de pedirle más a tu cuerpo,

merece que le reconozcan que estuvo.


Este ritual que te preparamos nace desde ahí. 






 ¿Por qué agradecer funciona?


Agradecer es darle nombre a lo que sí ocurrió…

para que el cuerpo no tenga que defenderse de todo lo que no.


Cuando escribes algo por lo que estás agradecido, suceden tres cosas reales:

 

  Baja la actividad de la amígdala (la región del cerebro que activa la sensación de amenaza).

 

  Se activa la corteza prefrontal, la zona de la claridad, el enfoque y la capacidad de ver matices.

 

  Aumenta la variabilidad cardíaca, es decir, el corazón deja de pelear y empieza a modular mejor su ritmo.

 

Gratitud: mucho más que “ser agradecida”


Se ha estudiado en neuroimagen que la gratitud genuina (no forzada, no de “tengo que, porque soy afortunada”) activa redes cerebrales relacionadas con:

integración emocional,

regulación del miedo,

toma de decisiones más consciente.


Es decir: agradecer no limpia la historia, pero ayuda a que el cuerpo no viva el recuerdo como si todavía estuviera pasando.


Por eso no se trata de “ver el lado positivo” ni de negar lo que fue difícil.


Se trata de darle, aunque sea una vez, un lugar claro a las cosas que sí estuvieron: personas, momentos, recursos internos, pequeños descansos, adaptaciones que hiciste sin saber cómo.

 

Eso es neuroadaptación en acción.

Y el ritual que vamos a proponerte está pensado exactamente para eso.




El ritual de las 12 adaptaciones


(no es una lista, es una conversación con tu sistema nervioso)


Este ritual no te pide mucho esfuerzo.

 

Solo te ofrece una estructura sencilla donde tu cuerpo pueda bajar la guardia.


Lo presentamos así porque queremos que sea algo que puedas repetir cada año, si quieres. Algo que puedas regalarte y regalar: no como tarea, sino como espacio.


1. Preparar el lugar


No necesitas nada sofisticado:

una mesa, una hoja, un lápiz, luz suave (una lámpara, una vela, un atardecer).


Lo importante no es lo que se ve, sino lo que tu sistema nervioso registra:


“No estoy corriendo. No estoy respondiendo a nadie. Estoy aquí.”


Solo eso ya empieza a cambiar tu fisiología.


2. Tres respiraciones para llegar a ti


Antes de escribir, respira 3 veces profundo:

inhala por la nariz, exhala lento por la boca.

La respiración lenta activa el nervio vago,

el nervio vago regula el corazón,

el corazón informa al cerebro que puede bajar la alerta.


No estás “haciendo mindfulness”.

Estás enviando la primera señal de calma a tu sistema nervioso.


3. Escribir la primera cosa por la que estás agradecida


No algo perfecto. No algo enorme. Algo real.


Ejemplos:

“Agradezco a la persona que me escuchó cuando pensé que nadie iba a entender.”

“Agradezco haber tenido energía para levantarme tal día, aunque no fuera todos.”

“Agradezco el momento en que dije que no, cuando quería decir que no” 

Lo clave es esto: pasó de verdad.


Cuando lo escribes:

tu corteza prefrontal se activa,

la experiencia deja de ser solo emoción y se convierte en memoria integrada.


4. Pausa (aunque te incomode un poco)


Mira esa frase 5–10 segundos.

No la actúes. No la expliques. No la juzgues.


Solo deja que tus ojos la vean y tu cuerpo la reciba.


Muchas veces esta pequeña pausa es el momento exacto en el que:

tu respiración cambia,

tus hombros bajan un poco,

y el sistema nervioso pasa de “reacción” a “procesamiento”.


Aunque no lo notes, ya estás adaptando algo.


5. Repetir hasta llegar a 12


Haz ese mismo proceso 12 veces:

una respiración,

una cosa agradecida,

una pequeña pausa.


¿Por qué 12?

Porque el cerebro aprende por repetición.

Doce es un número suficientemente largo para generar ruta, pero no tan largo como para cansarte.


Al principio puede sentirse raro, automático.

A la mitad, pueden aparecer cosas que no pensabas que ibas a escribir.

Muchas veces, en el 8, 9, 10… surgen detalles pequeños, pero muy significativos:

un mensaje, un sabor, un descanso inesperado, una frase que te sostuvo.


Eso es señal de que el sistema está abriendo archivos.

Y los está reordenando.


6. La número 12: el agradecimiento al cuerpo


Para el número 12, puedes escribir esta frase (tal cual, o adaptarla):


“Agradezco la forma en que mi cuerpo intentó adaptarse, incluso cuando yo no supe cómo acompañarlo.”


Es muy probable que algo se mueva ahí.

Porque por fin dejas de pedirle, criticarlo o exigirle…

y solo lo ves.


En términos biológicos, esto equivale a darle a tu organismo un mensaje de seguridad:

“No eres el enemigo. Gracias por sostener.”


Y, cuando algo deja de ser enemigo, el cuerpo deja de atacarlo.


7. Cerrar (sin necesidad de entender todo)


Cuando termines, dobla el papel.

No hace falta releer, analizar ni “sacarle conclusiones”.


Doblar, guardar, dejarlo ir.

Es un gesto simple, pero poderoso:

le marca a tu sistema nervioso un cierre.


Psicológicamente es: “hasta aquí por hoy”.

Fisiológicamente es: “puedo pasar a reposo”.


No necesitas más.




¿Y dónde entran los adaptógenos en todo esto?


Aquí.


Los adaptógenos no son magia, ni parche rápido.

Lo que hacen, en lenguaje simple, es ayudar al cuerpo a regular sus respuestas cuando el entorno es demandante, como ya sabemos 

Ashwagandha contribuye a regular cortisol y percepción de estrés.

Reishi participa en la modulación de inflamación y equilibrio del sistema inmune.

Melena de León apoya la plasticidad neuronal, esa capacidad del cerebro de crear nuevas conexiones.

Rhodiola ayuda a gestionar la fatiga ligada a estrés físico y mental.



Cerrar un año sin empujarlo


No tienes que “cerrar el año con todo resuelto”.

No tienes que entender cada cosa que pasó en tu vida.

No tienes que sentirte agradecida por todo.


Solo necesitas un espacio, aunque sea una vez,

donde puedas decirle a tu cuerpo:


Si además decides acompañar ese proceso con botánica que respeta la inteligencia del cuerpo, te dejamos mind food que es Perfecto para terminar este ritual. 


 

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